¿Por qué te escribo?
!No!
Porque me lastimaron el corazón
o porque en las noches me abrume la soledad
el miedo.
O porque vengan a acompañarme
los fantasmas invisibles del recuerdo
horas en las que buscas razón a todo
en las que pides cuentas al destino
mientras voraz la noche te atrapa en sueños.
Este es un grito, un reclamo
como una súplica de mi arrogancia
como el grito que se ahoga en el no me olvides,
gastado de tanto usar
como mandil de enamorados
o cuerpos de amores incompletos.
Y no pretendo
que los demás sientan lo que yo siento,
pues esto lo escribo para mi
y no para el resto.
Aquí en la esquina de la palabra
donde te encontré,
gritando a los cuatro vientos:
la soledad,
la muerte,
la viudez de un amor cercano al definitivo
sino quien sabe ¿eterno?
Te escribo,
porque es un mandato
de mi alma adolorida,
porque no aguanto la tortura del silencio,
porque veo crueldades hechas en nombre del amor
como Cristo incomprendido
colgando de la cruz en el templo.
porque me duelen los aguijones
que me clavan en el corazón
en el sentimiento.
Escribo y es un grito, como una súplica como un reclamo:
al sol, al viento, a la luna, a todos y hasta los que no son
a tu canción hecha de amor, que ya no suena hace tiempo,
a la vieja casa donde nací, de la que salí exiliada por amor
a la noche que tanto admiré, y que ahora aborrezco
a la flor rosada que se marchitó, como mi madre sin felicidad ni consuelo
a mi padre que nos abandonó, porque según él, eso era lo correcto.
al humo del cigarro que se desvanece como los amores inciertos
a las muñecas abandonadas en la niñez, por las que no regresaré jamás
al pasado y al papel en el que desfogo el resentimiento
a mi sangre que se alborota cuando las palabras bullen por explotar
a mis manos que se resisten como animales vencidos, sin lamento
a mi perro que perdió la cordura antes que yo, y renunció al recuerdo
a ti, que pudiste revivirme como a lázaro, y no... no entiendo.
Este es un grito, un reclamo,
como una súplica
como un lamento.
